La comunión de los santos


Comunión quiere decir "común unión"; y Comunión de los Santos quiere decir unión común con Jesucristo de todos los santos del cielo, de las almas del purgatorio y de los fieles que peregrinan en la tierra.

Es la unión de todos los santos con la Cabeza de la Iglesia, que es Jesucristo, y de todos los santos entre sí. Los del cielo interceden por los demás; los de la tierra honran a los del cielo y se encomiendan a su intercesión, también oran y ofrecen sufragios por los difuntos del purgatorio, y estos también interceden a favor nuestro.

La comunión de los santos es la unión común que hay entre Jesucristo, Cabeza de la Iglesia, y sus miembros, y de éstos entre sí.

Los miembros de la Iglesia son los santos del cielo, las almas del purgatorio y los fieles de la tierra.

Los que no están en gracia de Dios participan de la Comunión de los santos solamente en cuanto pueden alcanzar algunos beneficios del Señor y sobre todo, la gracia de la conversión.

Conociendo bien la Palabra y lo que realmente cree y hace la Iglesia, se aclara cual es lugar de los santos.

En Primer lugar, Dios es quien hace los Santos, la Iglesia reconoce a quienes vivieron la santidad en heroica virtud.

El profeta Isaías escribió: “Santo, santo, santo es el Señor” (Isaías 6,3)

El llamado a la santidad es un decreto divino, así por ejemplo en el libro del Levítico (19,2); encontramos el siguiente enunciado: “Sean ustedes santos, pues yo, el Señor su Dios, soy santo”

Los cristianos que están en gracia de Dios participan de este privilegio de ser santos, y por eso San Pablo en sus epístolas usa la palabra “santo” para referirse a los fieles (2 Corintios 13,12; Efesios 1,1; Filipenses 1,1); ya que por el bautismo somos liberados del pecado y unidos en Cristo Jesús, quien es  el “Santo de los santos” (Hebreos 7,26).

Cada domingo en el credo profesamos nuestra fe en la Iglesia como Una, Santa, Católica y apostólica.

Santos en sumo grado son  aquellos que son reconocidos por la Iglesia Católica y se presentan como modelos de conducta e intercesores ante Jesucristo.

Segundo, existe un riguroso, serio y profundo proceso de canonización. Este proceso consta de tres partes:

La primera es la confirmación de las virtudes heroicas del postulante tales como las teologales: fe, esperanza y caridad; así como también los frutos del Espíritu Santo: el amor, la fe, la prudencia, la justicia, la templanza, la fortaleza y demás (Gálatas 5,22-23); que se hace después de cinco años de su muerte, y es llevado a cabo por un promotor (persona o grupo) quien se dirige al Obispo de la respectiva diócesis. Este eleva una propuesta oficial a la Santa Sede, haciendo llegar toda la documentación recolectada que puede incluir cualquier carta, sermón, alocución, artículo, ensayo o libro escrito por aquél, así como comentarios importantes de él o ella que hayan merecido en el transcurso de su vida; y se le da el título de “Siervo de Dios”. Cuando los tribunales de Roma verifican que la vida cristiana del postulado fue heroica, y por lo menos dos teólogos hayan examinado los detalles de cada palabra, de acuerdo con la ortodoxia doctrinal, lo denominan “Venerable”. Para esta primera parte no existe una ceremonia especial.

El segundo paso es la “Beatificación”, que se cumple en un lapso de tiempo no menor de veinte años, y es realizado en la Curia Romana por la Congregación destinada para tal fin. Esta Congregación nombra a un “promotor de la fe” del Vaticano, quien tratará de mostrar que no es merecedor de tal reconocimiento, y un “postulador de Dios”, quien defenderá el proceso. Además de la compañía de varios cardenales y teólogos consultores.

En esta etapa es necesario distinguir las dos categorías de santos que existen: los Mártires y los Confesores. Los primeros fueron los que derramaron su sangre por Cristo y no necesitan inicialmente de un milagro; los segundos, deben cumplir esta norma comprobada por un grupo de científicos y médicos destacados de diferentes Universidades e Institutos, muchos de los cuales no son católicos.

Ya después de cumplidos todos los requisitos es llamado “bienaventurado”, y puede recibir un culto restringido de su imagen y reliquias en ciertas iglesias o regiones, aunque en algunas ocasiones específicas esta autorización tiene un alcance a todo el mundo católico.

En la ceremonia de beatificación se pinta un retrato del candidato(a), o también representando el milagro que se le atribuye; igualmente, se imprimen folletos y estampas de su persona, si se hayan reliquias personales se pondrán en un relicario y se le ofrecerá al Papa, al lado de una semblanza biográfica especialmente encuadernada y un ramo de flores.

La tercera fase es la “canonización”, que se da después de una revisión general de la vida del beato(a), más la confirmación de un nuevo milagro que es obligatorio para ambas categorías. Posteriormente, el Papa como jefe supremo de la Iglesia de Cristo, y haciendo uso del derecho de la infalibilidad pontificia, lo eleva a los altares  a la categoría de “santo”, muchas veces en la propia basílica de San Pedro del Vaticano, y lo anota en el catálogo del libro de los santos. El Romano Pontífice también destina la fiesta litúrgica del santo(a), que se da el día de su muerte, pues teológicamente es el paso de esta vida terrenal a la recompensa final en el reino de los cielos.

El Catecismo de la Iglesia Católica hace referencia a los Santos en estos dos párrafos:

956 La intercesión de los santos. “Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad. No dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra. Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad”.

957 La comunión con los santos. “No veneramos el recuerdo de los del cielo tan sólo como modelos nuestros, sino, sobre todo, para que la unión de toda la Iglesia en el Espíritu se vea reforzada por la práctica del amor fraterno. En efecto, así como la unión entre los cristianos todavía en camino nos lleva más cerca de Cristo, así la comunión con los santos nos une a Cristo, del que mana, como de fuente y cabeza, toda la gracia y la vida del Pueblo de Dios”

 

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